"No midas tu riqueza por el dinero que tienes o atesoras, mide tu riqueza por aquellas cosas que no cambiarias por dinero."

miércoles, 4 de abril de 2012

Granos con sabor a vida


Marielena Pérez Peña es una científica de la tierra y le encanta experimentar con un que otro cultivo, pero su pasión son los granos y en especial, la soya.
La productora tunera se especializó en este alimento y a tres años de investigaciones conoce las particularidades del cultivo y alcanza cerca de cuatro toneladas por hectárea, mientras que la media del rendimiento a nivel nacional es de dos toneladas por hectárea. Su éxito es mayor porque lo consigue con poco riego y bajo las condiciones del suelo y el clima de una de las provincias más secas del país.
“Me enviaron pequeñas cantidades de semillas desde Las Tunas para ver si se adaptaban a nuestro clima. Monté un experimento con 15 variedades de soya en un área pequeña, ahora es el que más me gusta y al que le he dedicado más tiempo. En el municipio no había esa experiencia y ya logramos nuestras propias semillas.”
Su trabajo en el campo le permitió el desarrollo de variedades tan poco comunes como la soya negra. “Planté para saber en que época se adaptan mejor porque todas no son de la misma etapa, así sé como tener mejores rendimientos. Hay cultivares de un ciclo más corto, de 80 días y otros de 120. La verdad es que aun no conocemos muchas cosas. Algunas tienen flores moradas, otras blancas. Verlas en el campo, todas juntas, es lo que llama la atención porque se ve muy bonito.”
En el año 1993, Marianela se graduó como Ingeniera Agrónoma, asegura que se decidió por la carrera porque no podía vivir lejos del campo y de las siembras. “Desde niña, me gustó ver el fruto que se logra de la tierra. Siempre fue un buen regalo para mí.”
Ahora como profesora a tiempo parcial de la Universidad en el municipio de Jesús Menéndez, se encarga de motivar a sus educandos para que se decidan por la producción de alimentos. “A mis estudiantes, les explico la importancia y la necesidad que tenemos de hacer producir nuestra tierra y le pongo ejemplos de cómo sí se puede, cuando se quiere puede lograrse cualquier cosa. Hoy, tenemos que amar las producciones porque es lo que nos va a desarrollar y hacer salir adelante al país.”
Para motivar a otras personas al cultivo de la soya, aprovecha el poder de convocatoria del centro universitario para realizar exposiciones de semillas que luego reparte gratuitamente. “He convocado a dos ferias de granos, para que otros campesinos escojan las mejores variedades y si no alcanzan para todos se las hago llegar luego. Así diversificamos las producciones, pues la soya se comercializa a altos precios en el mercado internacional.”
“Lástima que en nuestra provincia no se cuenta con la tecnología para procesarla y obtener aceite. En otros países la soya es muy utilizada para este fin. Aquí tiene mucha demanda por parte de los productores porcinos.”
Gracias a su colaboración con otros campesinos y los logros en el campo, le permitieron incluirse entre las líderes más destacadas del continente que se dieron cita en el Tercer Encuentro Internacional de Mujeres Rurales bajo el lema: "El fin de la pobreza global comienza con los derechos de las mujeres". “Nunca en la vida me imaginé que pudiera participar en un evento de carácter internacional e intercambiar con productores de otras provincias y de otras partes del mundo. – confiesa con modestia.”
Ese fue solo el comienzo, también representó a las cubanas en la celebración por el Día Internacional de la Mujer Rural, en Canadá. “Fue una experiencia única, me motivó mucho la agricultura orgánica y la participación de los jóvenes y las mujeres como propietarios de parcelas. Siento que nos falta lograr protagonismo en esos sentimos. Nuestros campesinos todavía dependen mucho de los productos químicos para lograr buenos rendimientos en los sembradíos y hay muy poco protagonismo por parte de la juventud y de nosotras porque se le teme mucho al trabajo en la tierra o se toma a menos.”
Pero eso no sucede en la casa de la familia de Marianela, las seis hectáreas que posee se convierten en un hervidero de personas que laboran la tierra de la manera más orgánica posible, en franco respeto al medio ambiente. Se incluye su hija de 13 años que sueña con ser ingeniera agrónoma como su mamá.
“Mi hija parece que lo trae en la sangre, desde pequeña ha visto todo lo que se hace en la finca. Se involucra conmigo en las mediciones que hago en el área, muestrea el desarrollo de las plantas y los fines de semana se va desde por la mañana hasta la hora que sea, siempre trabajando en el campo; toma datos y hace cualquier cosa, incluso coge un azadón o una guataca, como decimos los campesinos. Siempre conmigo, en el campo.”
La historia se repite una vez más, hace algunos años la pequeña que participaba en las cosechas era Marianela, desafiando las creencias de muchas personas que discriminan esta labor para las mujeres.
“Es difícil, pero uno ve la recompensa con la producción, sí se puede trabajar la tierra, me gusta. Las satisfacciones son grandísimas porque siembras un granito de cualquier semilla, la ves crecer y producir, de algo pequeño, obtienes grandes cosechas. Es un orgullo que se me acerquen las personas para que les explique cualquier cosa de los cultivos o les cuente mis experiencias. No quisiera irme nunca del campo, desde niña vivo ahí y creo que voy a morirme ahí, sembrando mi pedacito.”
“Sueño con seguir logrando buenas producciones, no solo de granos y hortalizas, si no de todo. En el territorio tenemos buenas tierras y siempre nos darán lo que seamos capaces de producir, lo que se necesita es que se atiendan.”
Así es esta cubana que responde feliz si alguno de sus amigos la llama “guajira”. Confía en un mejor destino para los cultivos, sin trabas en la comercialización y una Chaparra que camine con pasos seguros hacia el desarrollo. Marianela es una especie de diva rural que deposita su talento en la prosperidad de la parcela. “Para mí, la tierra es la vida.”

Una carreta para la historia



“Mientras lentamente los bueyes caminan,/ las viejas carretas rechinan..., rechinan.../ Lentas van formando largas teorías
por las guardarrayas y las serventías...”/

Contaba el poeta Agustín Acosta a inicios del siglo XX. Es que el futuro de Cuba estuvo ligado a las carretas tiradas por bueyes y a los carreteros que recorrían largas distancias para llegar a los centrales.
Cuántas historias de lluvias y charcos, de voces cansadas que repiten los nombres de los bueyes una y otra vez, cuántas horas de bregar con las cargas, conserva la vieja carreta del Mijial, en Puerto Padre como escultura del quehacer en los bateyes.

Construida en 1927, el rudimentario equipo, de grandes ruedas metálicas y rayos de madera, permanece como prueba indiscutible del paso del tiempo y permanece inútil, olvidada por las nuevas generaciones de boyeros.
Atesora viajes interminables al actual central Antonio Guiteras, tristezas acumuladas, las miserias del pago a los carreteros, las cañas con destino a la industria y quien sabe si alguna historia de amor.
Así, descansa la carreta del Mijial, en Puerto Padre, como una joya que recuerda más de tres siglos de transportación en la Isla. “En bruscos vaivenes se agachan, se empinan...;/las viejas carretas rechinan..., rechinan...”

lunes, 27 de febrero de 2012

El arte de los conejos




Liliana Gómez Ramos
Las Tunas- Veintitrés años de existencia le alcanzaron a Dayanis Cruz Pérez para desear compartir parte de su tiempo con los conejos. La idea más loca que se le pudiera ocurrir a una joven según otros de su misma edad, más aun, cuando se trató de dejar a un lado su futuro como instructora de arte.
Estudiaba pintura en Las Tunas pero me fui de la escuela. Antes, cuando era chiquita tenía dos conejitos y le buscaba hierbita, después de estar en la casa me volvieron a regalar dos conejos chiquitos y al cabo del tiempo empezaron a parir. Mi madrina me habló de los convenios, fui, me anoté y ahora es mi trabajo. Estoy estudiando para obtener el 12 grado y hago lo que me gusta. Me dedico a mis conejos.
Se confiesa satisfecha con lo que hace. Vive en el poblado de “El Canal”, al norte de la provincia y está vinculada al órgano de base de la Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA) “Alfredo Jordán Morales”. Primero era un joby para mí. Me va muy bien como productora, me dan pienso, me pagan el conejo, me dan medicamentos. Es un poco trabajoso porque hay que buscar hierbas, pero tiene sus ventajas, ahora mismo dieron bicicletas a los productores más destacados y me gané una.
Otro trofeo a su empeño es el rancho que está al final del patio en la casa de sus abuelos. Siguiendo rigurosamente las normas de higiene, exige a los que van a adentrarse al mundo de sus conejos que desinfecten los pies para evitarles el contagio de enfermedades.
El rancho está hecho con mis propias manos y gracias a la ayuda de un vecino que es como mi hermano. Picamos matas de coco, fuimos al monte por los palos y las canas. Clavando por aquí, picando madera por allá, haciendo miles de inventos, lo armamos entre él y yo. Fue terrible porque me di muchos golpes con el martillo, acabé con mis dedos, pero valió la pena. Me gusta cuando voy a hacer una cosa que me quede bien. Al final pasas menos trabajo porque si no tienes a los conejos bien cuidados, bien protegidos; se enferman, se escapan y pierdes. Necesitan un cuidado especial porque vasta con que te descuides tres días para tirar por la borda lo que le dedicaste en meses. Hay que darles vitaminas y bastante comida.
La primera vez que Dayanis vendió conejos entregó un lote de 25 animales casi todos pasaban de los tres kilogramos de peso, lo que le reportó más de ocho quintales de pienso y cerca de 800 pesos de ganancia. Ahora conserva ocho reproductoras y un macho para incrementar su crianza, mantiene otros 30 pichones para la próxima entrega.
Me toma 4 ó 5 meses hasta convertir los conejitos en adultos listos para la venta. Invierto casi todo el dinero de las ganancias en ellos para incrementar la crianza. En el futuro, me imagino con otro rancho más grande con más conejos, más jaulas, entregando entre 100 y 500 cada dos o tres meses.
Confiesa que su familia le ha ayudado en sus aspiraciones de ser una gran cunícultora, pero sabe lo que cuesta todo lo que posee por eso lo defiende a capa y espada. Como joven a veces me dicen algunas personas: oye mi’ja que tú haces ahí, deja eso, pero a mí me gusta y me va bien. Por otra parte, siento que he aprendido mucho en las charlas que damos en la asociación de cunicultores. Nos comunicamos entre nosotros y cuando alguien aprende algo nuevo se lo dice a los demás, nos dan libros, revistas, le pregunto a los más experimentados cuando tengo dudas y creo que todo eso ha influido en que sepa lo que sé ahora. Todo es tener la voluntad.
Dayanis realiza otra obra de arte, esta vez no requiere acuarelas o pinceles, trabaja con elementos de la naturaleza. Así, encuentra la relación entre la pintura y la cunicultura: Son inspiradoras las dos, me paso rato mirando los conejos, son elegantes, los veo tan lindos. Recuerda entonces vivencias que la marcaron: Mi mejor experiencia fue cuando me parió por primera vez una coneja y vi todos aquellos conejitos; la mala, fue que se me perdieron casi todos. Tuve que empezar de nuevo casi desde cero.
Lanza a manera de convocatoria su historia con la esperanza de motivar a otras mujeres, que como ella, puedan encontrar en esta labor un camino para el futuro. Nunca me imaginé que iba a dedicarme a esto. Es un trabajo normal, no quita ningún valor moral ni social y da muchos beneficios. Ojalá, se unan muchas personas, no es difícil, sé que se puede.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones. Sentenciaba Antoine De Saint Exupery en el principito. Lo cierto es que a pesar de que hace muchos años que leí el libro no comprendí del todo la frase hasta que Alejandra llegó a mi vida.

Ahora nota del insigne piloto se representa en la imagen de mi hija cuando me pone sus dos manitas en el rostro y me dice mamá entendiste, después de hacerme una explicación completamente científica de algún evento del día o de algún descubrimiento asombroso a sus cuatro años de edad.

La niñez es la etapa en que todos los hombres y las mujeres son creadores, decía Juana de Ibarbourou, poetisa uruguaya con la que estoy de acuerdo, abrase visto obra de arte más bella que la que pinta una niña. El pintor más grande del mundo se quedaría asombrado ante la cantidad de significados que le brinda un pequeñín a su obra.


Decía Martí que los niños son la esperanza del mundo, otra verdad absoluta, también porque pintan la existencia de todo el que tiene el privilegio de compartir su espacio, de reírse con sus travesuras y de disfrutar de una inmensa sonrisa, de esas que les salen del corazón.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Culpa de qué

Victoria es una profesional. Está por culminar la Especialidad como Doctora en Medicina, tiene un hijo pequeño y un esposo que ocupan su tiempo. Su pareja es doctor como ella y todos saben que le ayuda en sus finanzas, pero nadie quiere saber del problema que esta mujer tiene en las piernas, sufre de caídas frecuentes que dejan huellas en su rostro por varios días.
En el fondo todos saben que Victoria tiene perfectas piernas pero se queda inmóvil cada vez que ese hombre, al que cree amar y tanto teme, se le abalanza encima.
Como ella, viven muchas mujeres que son víctimas de la violencia dentro de su núcleo familiar ya sea por su pareja o hasta por sus propios hijos e hijas.
Según informa la Organización Mundial de la Salud (OMS), una mujer es maltratada en el mundo cada 18 segundos y al menos una de cada cinco es víctima de maltratos en su propio hogar. También indicó que para las mujeres de 16 a 44 años de edad, la violencia doméstica es la principal causa de muerte o invalidez, por encima del cáncer, los accidentes de tránsito y las guerras.
Las causas desencadenantes de la agresión pueden ser los celos, la discriminación, el alcoholismo, los problemas económicos o las frustraciones y se agravan en la medida en que la persona va siendo víctima una y otra vez del maltrato.
Sin embargo, cuesta mucho que las víctimas busquen ayuda, por el desconocimiento, el temor, la vergüenza y la autoinculpación. La mujer se considera culpable por las agresiones que recibe, “ella se lo buscó”, repite una y otra vez, el agresor.
Nadie merece el maltrato, más si viene de una persona cercana que debe velar por el bienestar de la familia. Nadie tiene potestad para golpear a otro ser sea cual sea la falta infligida ante sus ojos.
¿Cuándo la ola viene impetuosa sobre la roca...? ¿La acaricia o la golpea? Se pregunta la poetisa Dulce María Loynaz, pregunta que se hace Victoria al sentirse responsable por los golpes que recibe, pero ya no alcanzan los arrepentimientos de él ante represalias cada vez mayores.
Quizás va entendiendo que es hora de ponerle fin al tiempo del miedo, que es posible vivir lejos de la violencia y que su futuro puede ser mejor.

Sin mirar atrás



“Tico, tico, tico…”, repite Tina como música para las aves de corral que la rodean inmediatamente en espera del alimento.
“Tico, tico, tico…” La voz de esta productora despunta el día y anuncia una jornada de fuerte quehacer en la tierra.
En menos de tres meses, Editinia Victoria Arnedo Almaguer, más conocida por Tina, le entregó a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) “José Manuel Rodríguez” quinientos huevos de gallinas para la comercialización.
El amor a la tierra, a la cooperativa y a la Revolución la acompaña siempre. Cuenta que fue su mamá quien le inculcó esos valores; su madre que se convirtió en una de las fundadoras de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) “Justo Bruzón”, la primera de su tipo en el municipio y en Las Tunas.
Oriunda de Sacatierras, al norte del territorio, Tina recuerda los inicios del movimiento cooperativista y sus quehaceres como activista, cuando trabajaba en la tienda de víveres del poblado. Se mantuvo en el sector del comercio tras mudarse para Chaparra y asumió luego otras responsabilidades en el centro telefónico y en el taller textil.
Al poco tiempo de radicar en la cabecera municipal, la designan jefa de una brigada de hombres en el corte de caña. Para esta mujer no existen límites cuando se trata de hacer por el desarrollo de su pueblo.
El primer secretario del Partido tuvo la idea de buscar mujeres que dirigieran unas brigadas cañeras. Yo era una federada muy dispuesta y me seleccionaron. Me fui para Las Tapas. Dormía en el albergue con los compañeros y todos me respetaban; nunca nadie de la brigada se metió conmigo.
Sus ojos desbordan la emoción de esa época, el fervor de la primera década de la Revolución. Recuerda sus peripecias en los terrenos cañeros del norte… Me levantaba a las tres de la madrugada y salía para el campo porque había que tirar la caña y yo la contabilizaba. (…) La  brigada tuvo buenísimos resultados, estuvimos la zafra completa allí. Era soltera y me consagré a la tarea, mi familia era la que iba a verme.
Continúa su viaje en el tiempo, pero esta vez rememora la época como militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, cuando participó como delegada en el III Congreso de la organización juvenil. Dos años más tarde, en 1978, representó a Cuba en el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes con sede en La Habana.
Como Directora del Taller Textil “Tania la Guerrillera”, logró que su establecimiento se convirtiera en Vanguardia Nacional y estuviera entre los mejores de la provincia. Pasaba tres días en el taller haciendo esfuerzo porque siempre me gustó ir al frente. No podía tener a las obreras trabajando y yo en la casa durmiendo, eso no está en mí. Agradece a la esposa de uno de sus hijos que se quedaba en la casa y se encargaba de las labores domésticas.
Recuerdo que hubo un año, en que había caído mucha lluvia y la caña se estaba echando a perder en Las Marías, hubo una movilización grande. Era día de las madres, nos convocaron y fuimos, llevamos un cake para celebrar en el campo. Sacamos caña del fango y picamos también. Allí mismo le cortamos el cake a las trabajadoras.
Tina se mantuvo al frente del taller desde el año 1985 hasta el 1998. Tras la muerte de su madre, a quien admiraba mucho, pidió la jubilación. Poco después se abría otra etapa en su vida.
Mi esposo también se jubiló y nos fuimos a trabajar nuestra parcela. Ubicada en El Cenicero, a las afueras de la cabecera municipal, la tierra que cultivan en la actualidad dista mucho de la que vieron en aquel entonces. Cuando llegamos, todo estaba con mucha maleza, algo abandonado, pero poco a poco, fuimos haciendo con nuestras manos lo que tenemos hoy.
Otro momento que marcó su vida fue el embate del huracán Ike, el fenómeno climatológico más devastador que azotó al territorio, dejando tras de sí cerca del ochenta por ciento del fondo habitacional afectado y casi la totalidad de las plantaciones en el piso. Para esta familia significó comenzar de nuevo.
Cuando pasó el ciclón y llegamos aquí, me dijo mi esposo: “vámonos pa´ atrás”. Estaban todas las matas en el suelo, los plátanos, los árboles, todo era un fanguero horrible. Yo le respondí: “aquí lo que hay es que seguir, pa´ atrás ni para coger impulso”. Y aquí estamos.
Hace cinco años que se establecieron en El Cenicero y ya destacan por las producciones de plátano, yuca, entre otros cultivos. Tenemos 180 matas de guayaba, además de gallinas, guanajos y puercos. Todo se le vende al Estado. ¡Aquí lo que hay es que trabajar!
Esas tierras sirvieron de laboratorio para el Centro Universitario Municipal “Jesús Menéndez” y allí se cosecharon 67 variedades de frijoles con el objetivo de determinar los que mejor se adaptan a las condiciones del suelo y el clima nuestro, uno de territorios más secos del país en los últimos diez años.
Hoy Tina no recuerda con exactitud la cantidad de huevos que ha entregado a la cooperativa en este último año, hace tiempo que sobrepasó los 1000; sin embargo, asegura sonriente: Es poco, yo soy ambiciosa para las metas, me gusta cumplir metas grandes y representativas. Ha ido disminuyendo la cantidad de gallinas hasta llegar a dieciséis, porque quiere incrementar la cría de pavos criollos, más conocidos como guanajos.
En esta mujer se funden la experiencia y la energía. Se define como un motor impulsor para el trabajo en la tierra porque lo de campesina le viene en la sangre y en su parcela, confiesa que es feliz.
El trabajo en el campo no es difícil. Las mujeres somos muy capaces, más que los hombres, ellos son más cobardes para enfrentarse a cualquier tarea. La mujer atiende el hogar, los hijos, los nietos, el esposo, atiende la Federación, los CDR, cumple con el trabajo y con las tareas colaterales que le da el Partido y la Revolución, y lo hace contenta, lo disfruta, al menos yo soy así. He consagrado mi vida a eso. A mis hijos y a mis nietos también los he guiado para que cumplan con su Patria.
La casa de esta campesina se convierte de vez en cuando en un hervidero de productores que van en busca de semillas, de consejos o de la compañía de Tina. Según algunos tiene el corazón tan grande como la ceiba ancestral y gigantesca que crece en el centro de su patio y que ni el huracán Ike pudo derribar.
Para mí no hay imposibles, dice mientras sonríe satisfecha y añade a modo de consejo, aprende tú.

El reino de Adelaida


Desde que vi por primera vez a Adelaida Rodríguez Ávila, supe que era una mujer que rompe esquemas; abrió la puerta de su casa como quien ofrece los secretos de su reino.
"Nosotros nos ganamos 54 mil pesos en un año, de ellos el cuatro por ciento de los ingresos lo aportamos al Estado, entregamos 18 mil litros de leche en el 2010, y en el 2011 queremos sobrepasar esa cifra", refiere con total seguridad.
Al verla se sabe que esta mujer no conoce el temor al trabajo. Gracias a su empeño se convirtió en la mayor productora de leche fluida del municipio de Jesús Menéndez, al norte de la oriental provincia de Las Tunas.
"Cuando empezamos todo era un monte de aroma (arbusto espinoso de fácil propagación), los tres solitos: mi hijo, mi esposo y yo, tuvimos que tumbarlo todo y hacerlo nuevo con nuestras propias manos".
Trece años han transcurrido desde que Adelaida y su familia comenzaron con el cultivo de la tierra.
"Ahora tenemos 42 cabezas de ganado solo en una caballería de tierra. Estamos entregando 97 litros de leche todos los días a la tienda La Comercial y nunca hemos tenido ninguna baja por hurto y sacrificio. Además, sembramos para el consumo de la casa y para entregarle a la cooperativa José Manuel Rodríguez. Desgranamos el maíz y la soya para los animales también".
Tenía 38 años cuando decidió dedicarse a la producción de alimentos. De niña veía a su mamá que desde muy joven ordeñaba vacas y trabajaba mucho en el campo; para ese entonces vivía en la localidad de Juan Sáez, al sur del municipio. Era la mayor de 5 hermanos y a los 7 años su tía la llevó para Chaparra y desde entonces asumió su educación.
"Comencé mi vida laboral hace muchos años. Estudié Dibujo Técnico en Santiago de Cuba y fui para La Habana a trabajar en Antillana de Acero. Estaba previsto que fuera a la Unión Soviética pero por mi padecimiento como asmática no pude viajar.  Regresé para trabajar en el territorio en el año 1978. Así, empecé en el Ministerio del Azúcar, donde trabajé durante 23 años: en los almacenes de Chaparrita, en la Oficina Central como secretaria y luego fui oficinista".
Para ese entonces, estaba embarazada otra vez y su vida cambió completamente.
"Tuve mi segundo niño y dejé el trabajo porque no tenía quien me lo cuidara. El círculo infantil era una posibilidad, pero no me lo dieron. Como vivía lejos, mi tía, que era muy viejita, me pidió que hiciera la casa en estas tierras para que cuando ella no estuviera me quedara con el terreno y con los animales. Vine y ahora soy la dueña".
Adelaida es una mujer de baja estatura, de carácter firme y de mucha disposición. Ella trabaja todos los días y por largas jornadas, pero disfruta el premio de su empeño.
"Mi tía tenía unos animales muy malos que no daban casi leche, yo los he ido reponiendo por vacas de calidad. Gran parte de la caballería es para los animales de potreros; tenemos poca área de siembra para la cosecha pero le entregamos de lo que producimos a la cooperativa".
Se descubre como una mujer que dice lo que piensa y hace lo que hay que hacer, nada de ‘llorar por la leche derramada’ como dice el viejo refrán.
"Estamos pasando una etapa terrible porque no tenemos mucha área y necesitamos pastorear a los animales. Pedimos tierra y la primera vez nos la denegaron, ahora estamos esperando. Mientras, sembramos kingrás y caña para las vacas; cuando hay mucha seca las alimentamos con lo que producimos. Aun así, el ganado está gordo y no hay en esta zona otro como este".
Para ella, el éxito está en la unidad a la hora de emprender una tarea, sea cual fuera.
"Pastoreamos las reces mi esposo, mi hijo mayor y yo. Nos levantamos a las 2:30 de la madrugada y le garantizamos temprano la leche a los niños del pueblo, así pueden tomar el alimento antes de irse para la escuela o el círculo infantil".
Adelaida muestra en un dos por tres las corraletas de las reces. Enseña animada lo que serán los corrales para la crianza de cerdos que espera asumir como parte de un convenio con la Empresa Porcina. Muestra con orgullo el maíz, la soya y el pienso casero que acopia para la nueva producción. Pero ahí no acaba el recorrido, orgullosa habla de su patio que es referencia provincial de la Agricultura Urbana.
"Tenemos ciruela, anón, grosella, cereza, guayaba, mango, aguacate y mandarina de injerto, de esas que paren antes de los dos años. También un cocal grande con las matas siempre llenitas, variedades de plátano, yuca, verdín… de todo un poco. Criamos ovejos, pollos de ceba, conejos, caballos y dentro de poco, cerdos".
La pregunta se impuso con la mayor naturalidad del mundo, inspirada por la alegría de Adelaida al mostrar los resultados de su quehacer y por la certeza de que ella es el motor impulsor de cada avance en su tierra: ¿Es difícil para una mujer?
"Sí, es difícil, pero todo se resuelve en la vida cuando uno tiene unión. Entre mi hijo mayor, mi esposo y yo, lo logramos todo. Lo mejor que me ha pasado es entregar la cantidad de leche fluida para evitar la importación de leche en polvo a Cuba. Yo exhorto a las mujeres  a producir. Me siento muy contenta de ser productora. Todos los convenios los represento yo, todo está a mi nombre. Soy la mayor productora de leche del municipio con diploma y todo".
Otro viejo refrán asegura que el futuro es para las personas atrevidas, emprendedoras, por eso sé que para esta mujer los éxitos se multiplican. No dudo que cada año entregará más leche y una estrategia dará paso a otra, porque su mayor carta de triunfo es el trabajo y el amor por su reino.